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Hacerse mayor
Mis canas no me dicen nada, ni que los niños con los que jugaba hayan crecido, ni estar cansado al levantarme cada día ni perder fuerza y reflejos...
Noto el paso del tiempo cuando se mueren los artífices de la banda sonora de mi vida. Ahora, sabiendo que son irremplazables, siento el vacío de sus melodías. En ese vacío descansa la vejez, símbolo del tiempo, que aumenta con el desánimo del paso de mis días.
*RIP Antonio Vega, Antonio Flores, Pepe Risi, Jesús de la Rosa...
**RIP Bob Marley, Camarón de la Isla, Carlos Gardel,...
El torpe
Mi vida ha estado llena de tropiezos, en parte porque soy bastante torpe y distraído, pero también quiero pensar que es una manera -poco elegante, pero particular- que tiene el destino de encaminarme por mi vida. De todas las caídas, traspiés y resbalones, sólo quiero resaltar tres, las tres más importantes: la de la vida, la del amor y la de la muerte.
La primera caída en realidad la tuvo mi madre: al parecer me moví violentamente en su barriga y, tal sobresalto se llevó, que se desmoronó contra el suelo y de esa manera comenzó mi parto, que tan rápido fue, que la pobre mujer, tal cual cayó, tuvo que parirme. Así pues, puedo hacer la gracia y decir que no nací, sino que me resbalé al mundo.
El segundo tropiezo fue un encontronazo brusco en un café, de manera que vertí mi cortado ardiente sobre una desgraciada muchacha. Desgraciada no porque se quemara con el café, que además echó a perder su blusa, sino porque tuvo que aguantarme toda su vida, ya que se convertiría en mi esposa durante muchos años, hasta que, recientemente, dejara este mundo. Fue, sin duda, lo mejor que me ha pasado, y ahora…
El tercer tropiezo aún no ha llegado, pero sé que de un tropiezo, de una caída tonta, he de perder la vida, y más fácilmente ahora, que ya no tengo agilidad, y pierdo el equilibrio con mayor facilidad aún que cuando era joven. Cada día creo que será el último, que en cualquier lugar he de tropezar con cualquier trasto, y golpearme fatalmente la nuca, o algo así, yo no sé... Por supuesto que no lo busco, ni tropiezo a drede, pero mentiría si no confesara una esperanza latente con el despertar de cada día. Ahora que estoy solo, espero esa caída con resignación y hasta con desasosiego, pues esta vida sin ella –mi esposa-, mediocre y vacía que llevo no me reportará ninguna alegría más. Estoy acabando el camino, lo sé. Pero mi tropiezo final no llega, y, a la noche, en la cama, dando vueltas entre las sábanas heladas mientras suena el reloj de péndulo dando las tres, el corazón aprisionado no me deja dormir y golpea mi cabeza; así que me levanto, y siembro la casa de pieles de plátano, a ver si mañana hubiera suerte.
¿Has visto amanecer el páramo en León...?
No puedo nombrarlos. Al olerlos ya se esfuman. Si los pienso, se quiebran. Los miro para poder imaginarlos...Y es que no sé, no puedo explicarlo, pero hay rayos de luz que... "me hacen sentir bien".
Los dos burros

..así, el burro que transportaba sal iba fatigado durante todo el trayecto, y el que llevaba esponja, más liviano, se burlaba del otro. Después de mucho camino, llegaron a un pequeño riachuelo, y al cruzarlo, el burro que transportaba sal notó cómo se aligeraba, pues la sal se disolvió en el agua, y quedó liberado de tal horrible fortuna. Al mismo tiempo, el otro burro, al entrar en el río, notó cómo la esponja se iba llenando de agua, y no podía dar ni un paso, y nada se podía hacer por él, y finalmente quedó atrapado en el río para siempre. Y por fin, el burro de la sal quedó triunfante y tuvo su recompensa por su mucho esfuerzo a lo largo de todo el camino.
-Papá, ¿y qué pasa si no llegan a un río?
-Pues -dijo con la mirada apagada y brillante-, ...que al burro de la sal sólo le queda esperar que su hijo sí se encuentre con él.
La torre
Subí las escaleras lo más aprisa que pude, mientras el estertor envolvía la torre. Por una grieta de la muralla se filtraba un humo fino y rojizo. Parecía como si la tierra se hubiera abierto y se tragara la enorme edificación, así que mi objetivo era llegar a una ventana y precipitarme a tierra firme antes de que el terremoto derrumbara sobre mí las piedras que ...¡Por fin, una salida! Me asomé de un salto, y comprobando que efectivamente la torre se desmoronaba, me lancé hacia la zona más blanda donde podía aterrizar, a no menos de 15 metros. Enseguida, el humo y el ruido me atraparon en un estado de semi-inconciencia en el que pasé no sé cuánto tiempo. Cuando desperté, las ruinas corroboraban lo ocurrido, porque Dios es Verbo, pero habla con hechos.
Sorprendentemente, descubrí que casi todos mis compañeros de trabajo habían corrido mi misma suerte; todos estábamos sin un rasguño apenas, pero ya nada tenía que ver con ellos, nada nos relacionaba, después de tantos años de trabajo y de vida juntos éramos completos desconocidos; ya no hablábamos el mismo idioma.
Biblioteca de piscina en Madriz
Una piara de pegajosos niños revolotean entre mis queridos libros, manosean todos los volúmenes, todos caen al suelo, los cogen abiertos por una trémula hoja que amenaza con romperse...se suben por las estanterías, chillando a cada cual más, sus padres los incitan a marcar el territorio con helado de chocolate que chorrea por sus manos, veo una bengala...
Mi severa mirada de bibliotecario con el cejo fruncido los golpea. Dos o tres de ellos caen al suelo. Los demás vuelven a la carga.
*Lo del cejo fruncido, desencadenante del relato, se lo debo a http://frikitecaris.blogspot.com (a mí nunca se me hubiera ocurrido).
El blog
[Tenía que explicarle que biblioteca virtual y digital no son sinónimos, tenía que hacerlo...]
No me dejaba escribir un post anónimo, y tuve que crear un blog para poder escribir en otro.

