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Microrrelatos

La torre

Subí las escaleras lo más aprisa que pude, mientras el estertor envolvía la torre. Por una grieta de la muralla se filtraba un humo fino y rojizo. Parecía como si la tierra se hubiera abierto y se tragara la enorme edificación, así que mi objetivo era llegar a una ventana y precipitarme a tierra firme antes de que el terremoto derrumbara sobre mí las piedras que ...¡Por fin, una salida! Me asomé de un salto, y comprobando que efectivamente la torre se desmoronaba, me lancé hacia la zona más blanda donde podía aterrizar, a no menos de 15 metros. Enseguida, el humo y el ruido me atraparon en un estado de semi-inconciencia en el que pasé no sé cuánto tiempo. Cuando desperté, las ruinas corroboraban lo ocurrido, porque Dios es Verbo, pero habla con hechos.
Sorprendentemente, descubrí que casi todos mis compañeros de trabajo habían corrido mi misma suerte; todos estábamos sin un rasguño apenas, pero ya nada tenía que ver con ellos, nada nos relacionaba, después de tantos años de trabajo y de vida juntos éramos completos desconocidos; ya no hablábamos el mismo idioma.

 

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